Castillejos treball nº 24
Jueves, 26 de Mayo de 2011
Ha nacido un nuevo miembro de la familia escultórica de Castillejos.

Ha nacido un nuevo miembro de la familia escultórica de Castillejos.
Cerca de la encrucijada del Coll del Llop, en el parque natural de Els Ports, hemos levantado este especie de mirador rematado con una balastruada asimétrica. Encarado a la Mola de Catí, ofrece unas vistas inmejorables de la Punta Blanca y la Punta de la Serena. Un camino hacia la luz, al descubrimiento de lo sublime, de un mundo natural, del que todos somos responsables.
En este trabajo que realizamos el octubre pasado, seguimos haciéndonos preguntas sobre el espacio vital de un objeto artístico y las tensiones derivadas de la invasión territorial que supone introducir un concepto nuevo en un contexto regido por la ley natural. Hacer palpable la distancia entre dos árboles mediante un pequeño puente de piedra, no los acerca, curiosamente los separa.
Tocando a Duesaigües existe un lugar llamado Can Cargolí, un lugar abierto a cualquiera que abrace las teorias decrecionistas, de las cuales ya os he hablado aquí, un lugar donde cualquiera con buenas ideas y ganas de trabajar, tendrá un plato de comida caliente, un lugar donde soñar es gratis.
En este último trabajo continuamos con la evolución que iniciamos en Genesi II, trabajo en el que nos planteamos aprovechar la relación entre la obra y el espacio que genera directamente. En Can Cargolí intentamos crear un flujo cruzado, uno visual, originado por la forma orgánica de la obra a modo de espina dorsal, y otro ergonómico que invita a interactuar directamente con la obra, pisándola, transgrediendo la frontera invisible entre el objeto artístico y el sujeto.
Con este trabajo a las afueras de Berkane (Marruecos) el equipo Boc internacionaliza su trabajo, invirtiendo el flujo del estrecho. La expresión artística no tiene fronteras, y el intercambio cultural tampoco. Es mucho lo que podemos aprender de nuestros vecinos africanos.
Trabajo nº 19, Castillejos, Equipo Boc, 2009
En el mismo lugar donde se levantaba nuestro trabajo nº 13, Gènesi, derribado por la mano del hombre, hemos creado un nuevo espacio en el que la naturaleza nos invita a reflexionar y a dialogar sobre nuestro papel en este planeta.
Con un pequeño gesto, colocar ocho piedras en equilibrio sobre un tronco seco, creamos una construcción artificial, es decir, no natural, en la que esta implícita la mano del Hombre y su capacidad de razonar y entender el mundo que le rodea.
En un lugar tan sagrado para la fe católica, como es la montaña de Montserrat, levantar un monumento al Hombre y no a Dios, destila cierto aroma sacrílego, pero lejos de sectarismos nuestra intención era reivindicar al Hombre como hacedor del mundo, incluidos nosotros mismos como artistas creadores, ya que una obra de arte siempre es una reivindicación personal.