Montserrat, trabajo nº 18
Con un pequeño gesto, colocar ocho piedras en equilibrio sobre un tronco seco, creamos una construcción artificial, es decir, no natural, en la que esta implícita la mano del Hombre y su capacidad de razonar y entender el mundo que le rodea.
En un lugar tan sagrado para la fe católica, como es la montaña de Montserrat, levantar un monumento al Hombre y no a Dios, destila cierto aroma sacrílego, pero lejos de sectarismos nuestra intención era reivindicar al Hombre como hacedor del mundo, incluidos nosotros mismos como artistas creadores, ya que una obra de arte siempre es una reivindicación personal.
